Oficios que aún sobreviven en los valles del norte de Navarra

Por Irati Barnean

A menudo se piensa en el Pirineo navarro como un escenario de vacaciones, pero los valles de Aezkoa o Salazar están muy lejos de ser un museo. Si estos pueblos siguen en pie y el paisaje se mantiene como lo conocemos, es gracias a que todavía hay gente que vive de los recursos de la zona.

Son profesiones que se han adaptado a los tiempos actuales para seguir siendo rentables. Desde el que cuida el ganado en puertos de altura hasta el que trabaja la madera en el corazón de la Selva de Irati, estos trabajadores son los que realmente gestionan el territorio.

Si vienes de visita o te alojas en un sitio como Irati Barnean, basta con fijarse un poco en el entorno para ver que la actividad no para, sea cual sea la época del año. Entender qué hacen y cómo lo hacen es la mejor forma de comprender la identidad de este rincón del norte.

El pastoreo y la ganadería

Es el motor principal de estos valles y lo que evita que el monte se cierre y se convierta en un polvorín de maleza. Aquí no se entiende el paisaje sin los rebaños, y aunque las granjas se han modernizado, el esfuerzo físico sigue siendo el mismo.

  • Oveja Latxa: Es la protagonista absoluta. De ella sale la leche para los quesos con Denominación de Origen (como el Idiazabal o el Roncal). El pastoreo de estas ovejas es un trabajo de 365 días al año que marca el ritmo de los pueblos, especialmente en primavera con los partos y el ordeño.
  • Vacas y caballos: Es muy común ver ganado pastando en libertad en zonas altas durante el verano. Estos animales aprovechan los pastos naturales de montaña, lo que permite una cría mucho más sostenible y una carne de calidad que luego llega a las carnicerías de la zona.

El trabajo de la madera

Si algo sobra en el Pirineo navarro es bosque, y saber gestionarlo ha sido siempre una cuestión de supervivencia. La Selva de Irati y los montes comunales no están ahí solo para pasear; son una fuente de recursos que todavía hoy da trabajo a mucha gente.

  • Maderistas y saca de madera: Es un trabajo duro que requiere maquinaria pesada y mucha destreza. Se encargan de la limpieza de los bosques y de extraer la madera de forma controlada para que el monte siga regenerándose. No es raro cruzarse con camiones cargados de troncos que van directos a las serrerías locales.
  • Artesanos y carpinteros: Todavía quedan talleres donde se trabaja la madera de boj o de haya para fabricar desde utensilios de cocina tradicionales hasta muebles o tallas. Es un aprovechamiento mucho más minucioso y artístico, pero que mantiene viva la tradición de usar lo que el entorno ofrece.

Hoy en día, este sector es clave para la biomasa y la construcción sostenible, demostrando que un oficio antiguo puede ser perfectamente moderno.

Los canteros

Aunque hoy en día la mayoría de las casas se levantan con materiales modernos, el oficio de cantero sigue siendo fundamental para que los pueblos del norte no pierdan su estética. No es solo poner piedras; es saber seleccionarlas, tallarlas y encajarlas para que aguanten el clima del Pirineo.

  • Restauración y mantenimiento: Muchos de estos profesionales se dedican a rehabilitar bordas antiguas o a reparar las fachadas de las casas señoriales de los valles. Sin ellos, el patrimonio arquitectónico de lugares como Ochagavía o el Valle de Aezkoa se caería a pedazos.
  • Muros de piedra seca: Es una técnica tradicional que todavía se utiliza para delimitar fincas y caminos. Es un trabajo minucioso, casi de puzzle, que no utiliza cemento y que permite que el agua drene de forma natural en las laderas.

Oficios «invisibles» pero esenciales

Hay trabajos que no se ven a simple vista pero que son los que hacen que el valle funcione cuando se apagan las luces de los hoteles.

  • Gestores de comunales: Son quienes organizan el reparto de leña para las casas y controlan quién y cómo se aprovechan los pastos. Sin esta gestión administrativa y a pie de monte, el equilibrio entre vecinos y naturaleza se rompería.
  • Quitanieves y mantenimiento de pistas: En invierno, estos operarios son los más buscados. Su oficio es vital para que los ganaderos lleguen a sus bordas y para que el valle no se quede aislado del mundo al primer temporal.

¿Por qué es vital que estos oficios no desaparezcan?

No es una cuestión de nostalgia, sino de supervivencia para los valles del norte de Navarra. Si estos oficios mueren, el equilibrio del Pirineo se rompe por tres razones muy claras:

  • Gestión del territorio: Sin ganaderos ni maderistas, el monte se descontrola. Los pastos se llenan de matorral, aumenta el riesgo de incendios y se pierde la biodiversidad que hace que estos valles sean especiales.
  • Economía real: Estos trabajos fijan población. Son empleos que no se pueden deslocalizar a una oficina en la ciudad; requieren que la gente viva, consuma y críe a sus hijos en el pueblo.
  • Identidad y servicios: Si desaparece el sector primario, los pueblos se convierten en parques temáticos vacíos que solo funcionan en agosto. Mantener vivos estos oficios garantiza que haya escuelas abiertas, tiendas y servicios básicos durante todo el año.

Al final, que un pastor siga subiendo al monte o que un cantero repare una fachada es lo que permite que, cuando vienes de visita, el Pirineo siga siendo el Pirineo.

Preguntas frecuentes

¿Se puede comprar queso directamente en las bordas?

En muchos pueblos del valle de Aezkoa o Salazar verás carteles de «Venta de queso» en las puertas de las casas o naves. No esperes una tienda de lujo; es entrar, saludar al pastor y llevarte el queso que se ha hecho allí mismo. Es la forma más directa de apoyar que este oficio no muera.

¿Qué hago si me encuentro un rebaño cortando la carretera?

Es algo muy común, sobre todo en otoño y primavera cuando mueven el ganado. No hace falta pitar ni intentar esquivarlas; el pastor y los perros se encargarán de apartarlas poco a poco. Aprovecha para bajar revoluciones y entender que, en ese momento, la prioridad la tienen ellas.

¿Se puede entrar a ver cómo trabajan en los bosques?

Si escuchas motosierras o ves camiones cargando troncos, mantén la distancia. Son zonas de trabajo real con maquinaria pesada y puede ser peligroso curiosear demasiado cerca. Lo bonito es ver el resultado: esos bosques limpios y cuidados por los que luego da gusto pasear.

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